miércoles, 26 de junio de 2013

El concepto espíritu

José Sánchez Barrera

En el castellano de México existen varias palabras que tienen la misma acepción, he aquí algunas: ánima, alma, alma en pena, espíritu, fantasma, aparecido. En este escrito comentaré la palabra “espíritu”.
Con la palabra espíritu la gente normalmente se refiere a cualquiera de los entes arriba citados, aparte del hecho bastante común de personas que consideran que existen almas y espíritus; pero como por acepción se entiende el uso de la palabra, entonces de lo que realmente trataré aquí será de uno de sus usos, sin que ello cancele —no podría, aunque lo pretendiera— la sinonimia con los otros términos introducidos al final del párrafo anterior.
Los sinónimos son palabras que, teniendo una diversidad de usos cada una por su cuenta, comparten alguno o algunos de tales usos; ello significa que no hay sinónimos en sentido absoluto. Por ejemplo, “taco” y “botana”. Los dos términos significan lo mismo en una acepción, o sea aquella que se refiere a una comida ligera, pero cada término tiene su propio campo semántico (o sea, campo de significados). Veamos: por un lado la primera también se usa para referirse a una bolita de papel o algodón que funciona como proyectil en las cerbatanas con que juegan los niños; por el otro, la segunda también se usa para nombrar al parche que se coloca a los odres cuando se rompen para que no se derrame el líquido. La sinonimia, pues, sólo ocurre en partes de los campos semánticos de los términos.
La vigésima segunda edición del Diccionario de la Lengua Española publicado por la Real Academia Española reporta 11 acepciones del término que ahora me ocupa, entre otras: “ser inmaterial y dotado de razón”, “alma racional”, “principio generador, esencia o sustancia de algo”, “ánimo, valor, aliento, esfuerzo”, “vapor sutilísimo que exhalan el vino y los licores”, etcétera.
Entre todos los usos que reporta el diccionario de marras, no está el que ya me dispongo a expresar: el espíritu es la característica de lo que viene al caso. Sí, aparte de todas las otras acepciones, el término “espíritu” tiene su propio —exclusivo— valor que es la característica particular del ente de que se trate, entendiendo por “ente” cualquier ser o manera de ser.
Los alemanes usan la expresión Zeitgeist (que siempre debe escribirse con mayúscula inicial, porque así se escriben los sustantivos de cualquier tipo en alemán), que significa “el espíritu de la época, o de los tiempos”, o sea: todos los rasgos que caracterizan, distinguen a una época determinada. Así, cuando decimos “el espíritu de la lengua castellana”, queremos decir los rasgos particulares, los rasgos que distinguen, identifican, caracterizan a la lengua castellana.
¿Es lo mismo el espíritu que el alma de Aristóteles? Sí. Pero son obligadas algunas aclaraciones, a saber: el alma de Aristóteles no es el alma de los cristianos, aunque Aristóteles sea —a través de Santo Tomás— uno de los padres del cristianismo. Para los cristianos el alma es un ente que convive con el cuerpo y sobrevive al cuerpo, ambos conforman un todo que es la persona. Se entiende que el cuerpo no vive si no tiene el alma correspondiente, aunque sí se acepta que existen almas en pena; es decir, que ya no tienen el cuerpo que les corresponde porque éste ya murió, pero ella no puede abandonar el mundo de los vivos porque la persona falló en algunas de sus obligaciones de fe cuando vivía, y el alma sin el cuerpo ya no puede corregir esa falla. Por tanto, no puede ir a su sitio de residencia final, hasta que no ocurra que algún individuo, o sea persona viva (aunque parezca excesiva esta aclaración, no lo es) subsane (a propósito o por casualidad) la falla susodicha.
Para Aristóteles, el alma no puede subsistir sin un cuerpo al que dé vida de una manera particular, pues es principio de vida y de movimiento, que corresponde de manera original a las funciones de vida de los seres. El alma es una cualidad; es la característica que define al hombre, a los animales infrahumanos y las plantas, únicos seres éstos últimos tres que tienen alma. Dice Aristóteles en su tratado sobre el alma que ésta no puede estar, ni sin un cuerpo, ni ser un cuerpo; pues no es un cuerpo, sino algo del cuerpo.
La siguiente comparación es muy ilustrativa: “El alma es al cuerpo lo que el filo del fierro es al hacha”; también podemos decir “lo que la vista es al ojo”. De aquí podemos inferir: si un trozo de acero no tiene filo no es hacha; si un ojo no cumple la función de la visión no es ojo, aunque sea una estructura anatómica de algún animal. Así, si un animal no tiene alma no es hombre; aquí obliga aclarar que si no tiene alma racional, porque Aristóteles concede que los animales, que yo vengo llamando infrahumanos desde hace varias colaboraciones, tienen alma sensitiva, pero no racional. Aclaración que es útil para el fin que aquí perseguimos, pues nos presenta un ejemplo más del uso de “alma” como característica de los seres, en este caso de los seres irracionales, según Aristóteles.
Así queda demostrado que el término “espíritu” comparte una de las acepciones del concepto de alma de Aristóteles, el de ser la característica definitoria de los seres, con la especificidad de que “alma” se refiere a seres vivos, y “espíritu” a todo tipo de seres y maneras de ser de cosas y procesos. Por eso podemos hablar del espíritu humano, del espíritu de las lenguas y del espíritu de una época o acontecimiento.
En la próxima entrega comentaré “La calidad óntica del lenguaje”. Agradeceré sus comentarios a jsb111201@yahoo.com.mx

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